Joven recibe milagro de Dios

Tamara es curada de cáncer a través de la fe sobrenatural. El año del 2006 quedo marcado por fuertes experiencias para la asistente administrativa, Tamara Coelho, de 23 años. A pesar de ser carioca, la joven fue a vivir a Brasilia por razones de su trabajo. Cierto día, los fuertes dolores abdominales y las nauseas pasaron a ser frecuentes y ella paso a no conseguir mas alimentarse. “Decidí hacer una endoscopia. Los médicos no querían prescribir el examen porque creían que no era necesario debido a mi edad. Aun así, yo insistí”, cuenta. El resultado del examen fue inesperado. “Ellos diagnosticaron tres tipos de tumores: un benigno que era de células granulares y los otros dos malignos y diferenciados”, recuerda.
Según el especialista, Tamara debía hacerse una mucosectomia, un raspado para retirar el tumor ya que debido al tamaño todavía pequeño y en la fase inicial, no seria necesario hacer cirugía. Todavía, él la alerto de que el procedimiento seria bastante doloroso. La madre de Tamara, Ana Lucia, de 47 años, acompaño a la hija durante todos los procedimientos. “Ella sufrió mucho. Fue muy doloroso verla pasando por todo aquello”, recuerda. El raspado profundo en el local del tumor fue un proceso tan doloroso que durante semanas, Tamara casi no podía ingerir alimentos ni beber agua. En esa época la joven católica estaba apartada de cualquier creencia o religión. En busca de amparo espiritual, encontró un vecino que le hablo de la Iglesia Universal del Reino de Dios. “El me hablo sobre los testimonios de las personas que frecuentan la Iglesia y me leyó un verso del libro “Mensajes que Edifican”, del obispo Edir Macedo. En aquel momento, percibí que todo lo que estaba escrito ahí concordaba con lo que yo estaba pasando. Dije: “Mi Dios, esa es mi oportunidad de quedar curada”, cuenta. La primera visita de la joven fue en la Sesión de la Descarga. “Yo me sentí muy bien y decidí continuar frecuentando”, dice agregando: “Luego después, fue diagnosticado que los tumores se habían esparcido por mi mandíbula, por la supraclavicular y por el abdomen”. La noticia llego a la familia como un golpe. “Yo no esperaba sufrir de una enfermedad tan seria de una forma tan repentina y agresiva. Pero a pesar de haber quedado desanimada no desistí. Nunca deje de buscar a Dios y de creer que Él me iba a curar”, cuenta Tamara. Momento de mucho dolor y sufrimiento. Los nódulos eran pequeños y de difícil acceso, por eso no podían ser operados. Solamente uno de ellos seria retirado a través de cirugía: el del abdomen. El proceso, por lo tanto no podría ser hecho por el frente (órgano sexual), por ser extremadamente doloroso. El medico, entonces decidió hacer la operación a través del recto. “Además del extremo dolor, la anestesia tenia que ser local. Nunca senti tanto dolor en mi vida. Gritaba y temblaba. No aguante y le pedí al medico que parara”, describe Tamara. Pasaron 15 días y la joven pasaría otra vez por sufrimientos. Mas un intento en vano. “El medico toco el nervio ciático, lo que dicen ser normal, pero quede imposibilitada de caminar correctamente por dos semanas”, dice. Para los médicos, solo había una salida: hacer la cirugía para remover el tumor y así la biopsia podría ser hecha y ellos sabrían que tipo de tratamiento podrían indicar. “Todo comenzó a salir mal. No conseguimos marcar la cirugía, tuvimos problemas con el medico que me atendió y todo parecía acontecer para que yo desistiera”, afirma. Después un doctor que era conocido de nosotros me encamino para el instituto del cáncer. La cirugía fue marcada y cuando fui hacer nuevamente la mucosectomia, fue encontrado que ya no tenía nada. El medico me mando a que regresara en 20 días para repetir el examen. Nuevamente me hicieron los exámenes y no apareció nada. Después mas un mes y nada. Después de tres intentos, el medico dijo que yo estaba curada. Dios me curo. Los tumores desaparecieron”, finaliza sonriendo. “Yo solo tengo que agradecer a Dios por haberme dado la mejor cosa de mi vida: la cura de mi hija. Yo que durante mucho tiempo, busque ayuda en las fuerzas ocultas, nunca pensé que mi hija fuera a pasar por tanto sufrimiento. Felizmente en la Iglesia Universal, encontramos a Dios y obtuvimos victorias”, cuenta Ana Lucia.